Mientras preparamos otros post (la gripe, la mudanza de Yecla a Murcia y la explosiva primavera murciana que anula todo sentido impiden al juglarcillo acabar “La taza de Poves” y “Cosas que hacen que la vida merezca la pena II”), por petición popular y en homenaje a mis compañeros del Departamento de Lengua y Literatura española del I.E.S. Castillo-Puche os suelto estos dos poemas de un predilecto mío, don Luis Alberto de Cuenca (post del post: gracias, Maricarmen, por dejarme el libro).

De "El bosque y otros
poemas" 1997:

1.
Bebétela

Dile cosas bonitas a tu novia:

«Tienes un cuerpo de reloj de arena

y un alma de película de Hawks.»

Díselo muy bajito, con tus labios

pegados a su oreja, sin que nadie

pueda escuchar lo que le estás diciendo

(a saber, que sus piernas son cohetes

dirigidos al centro de la tierra,

o que sus senos son la madriguera

de un cangrejo de mar, o que su espalda

es plata viva) . Y cuando se lo crea

y comience a licuarse entre tus brazos,

no dudes ni un segundo:

bébetela.

2. El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,

cuando metes la pata, cuando mientes,

cuando te vas de compras con tu madre

y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños

y me cubres de besos y de tartas,

o cuando eres feliz y se te nota,

o cuando eres genial con una frase

que lo resume todo, o cuando ríes

(tu risa es una ducha en el infierno),

o cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi

no puedo resistir lo que me gustas,

cuando, llena de vida, te despiertas

y lo primero que haces es decirme:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.

Voy a empezar contigo el desayuno».