Me lo han traido los Reyes Magos
Lo escribió Walfrido Guevara y lo cantó el Compay Segundo. Por ser pertinente cita de presentación yo te lo canto aquí.
Quiero matar un capricho
que tengo en el corazón.
Voy a coger un jalao
con tremendo vacilón.
Búsquenme una cuchara
una botella y un cajón
pa formar un parrandón
y así matar el capricho
que tengo en el corazón.
¡BORRACHON!
Sí, soy borrachón
pero la plata que yo me tomo
la saco de mi sudor
y si pico algunas veces
eso lo hago por sport.
La juma de ayer
ya se me pasó
ésta es otra juma
que hoy traigo yo.
¡Eeh! Lléneme la botella
pero llénemela de ron
y deje que digan
que yo soy un borrachón
¡Ay, Dios!
La juma de ayer
ya se me pasó
esta es otra juma
que hoy traigo yo.
Síiiiii, me lo merecía. Me han traído los Reyes Magos un portátil nuevo y un blog de éstos para que os invite a todos a un ron con naranja virtual. El que lo quiera real, con su hielo picadito, sus granitos de café y su musiquita alrededor me lo dice y quedamos. En Murcia, en Motilleja o en la mismísima Viña de Cádiz. ¡Bendita sea nuestra oralidad milenaria y la web 2.0 que nos permiten conectarnos!
Sux dijo
Yo os regalo otra canción, ésta es de José Larralde, él no sabe qué es eso de ser cantautor, pero creo que sí se sabe poeta. Ha sido trabajador rural, tractorista, albañil, mecánico, soldador y, como él mismo se define, guitarrero y cantor. Nació en 1938 y el buen hombre sigue cantando.
BAJO ESTE CIELO
He cometido la brutal torpeza...
de decir cuanto supe que decía,
y no me pregunté si se podía marchar
del corazón a la cabeza,
del corazón con marcha de tristeza,
de la cabeza cierzo en rebeldía,
he profanado el limbo de la incada razón escuálida,
pertinaz y sucia,
encaramado en la mordaz argucia tan desde mí,
que llegué a tu nada,
que me esperaba ansiosa y recatada,
embalasada en pálidas minucias.
Te dije cierto y claro, mi jornada,
mi deslinde del cómodo silencio,
sólo el humo quedó como en incienso
y el olor de silente carcajada,
y allá va mi ilusión desencajada,
mortal, deshilvanada y sin consenso,
allá va mi idiotez como el rebaño
pestilente de grasa y ofrecido
en repugnante mansedumbre erguido,
como se yerguen sin razón los años,
numeral recostado sobre un paño,
para ensayar un recuerdo en el olvido.
Te dije, te dije porque quise que supieras...
que soy lo que seré, pero muy lejos,
donde se pierden todos los reflejos,
y más allá si tu quisieras,
pero seré por mí, aunque no quiera...
y no olvides jamás que soy tu espejo.
13 Enero 2007 | 08:43