Je vous parle d'un temps
Que les moins de vingt ans
Ne peuvent pas connaître
Montmartre en ce temps-là
Accrochait ses lilas
Jusque sous nos fenêtres
Et si l'humble garni
Qui nous servait de nid
Ne payait pas de mine
C'est là qu'on s'est connu
Moi qui criait famine
Et toi qui posais nue
La bohème, la bohème
Ça voulait dire on est heureux
La bohème, la bohème
Nous ne mangions qu'un jour sur deux
Dans les cafés voisins
Nous étions quelques-uns
Qui attendions la gloire
Et bien que miséreux
Avec le ventre creux
Nous ne cessions d'y croire
Et quand quelque bistro
Contre un bon repas chaud
Nous prenait une toile
Nous récitions des vers
Groupés autour du poêle
En oubliant l'hiver
La bohème, la bohème
Ça voulait dire tu es jolie
La bohème, la bohème
Et nous avions tous du génie
Souvent il m'arrivait
Devant mon chevalet
De passer des nuits blanches
Retouchant le dessin
De la ligne d'un sein
Du galbe d'une hanche
Et ce n'est qu'au matin
Qu'on s'assayait enfin
Devant un café-crème
Epuisés mais ravis
Fallait-il que l'on s'aime
Et qu'on aime la vie
La bohème, la bohème
Ça voulait dire on a vingt ans
La bohème, la bohème
Et nous vivions de l'air du temps
Quand au hasard des jours
Je m'en vais faire un tour
A mon ancienne adresse
Je ne reconnais plus
Ni les murs, ni les rues
Qui ont vu ma jeunesse
En haut d'un escalier
Je cherche l'atelier
Dont plus rien ne subsiste
Dans son nouveau décor
Montmartre semble triste
Et les lilas sont morts
La bohème, la bohème
On était jeunes, on était fous
La bohème, la bohème
Ça ne veut plus rien dire du tout
O eso dicen los de L’Ajuntaera pa la plática, el esturrie y’el escarculle la llengua murciana (sic). Mi abuela habla, pues, murciano… y ella sin saberlo, creyendo usar la lengua de Cervantes como una más, ahora resulta que no, que habla murciano, no sé cómo comunicárselo, pobre mujer.
Estas venerables gentes de L´Ajuntaera están ahora empeñadas en que se enseñe la lengua del Tío Pencho en las escuelas, al modo de catalanes, vascos y gallegos, con un orgullo autonomista propio de hobbits ultramedianos.
Y digo yo, que con lo que les cuesta a los zagalicos expresarse con corrección y escribir sin faltas de ortografía y otras lindezas en su lengua materna, ¿vamos a decirles ahora que una metátesis del tipo naide por nadie es correcta en la fecunda llengua murciana?
Esto me huele a esquizofrenia general, a palos a los que hablen según la norma castellana (Acho, tío, platica bien, que ti llevo al diretor. ¿A cualo?).
Se me ocurre que bien podrían recuperar el traje de huertano como uniforme escolar para darle a este Renacencia murciana un verdadero color folklórico, preciosa estampa la de todos los zagalicos y zagalicas con sus trajes regionales, camino de la escuela para aprender el valor nutricional del zarangollo, la enjundia idiomática del solecismo y el peso relativo del ladrillo, se me ponen los pelos como escarpias, oiga.
Y es que desde que IKEA llegó a Murcia esto ya no es lo que era, ahora todos se creen eso de la República independiente de mi casa y, claro, ha pasado lo que tenía que pasar. Que si los catalanes tienen lengua propia, no vamos a ser nosotros menos, hombre, que los asturianos tradujeron al bable El principito (El principinu), pues nosotros vamos a traducir al murciano el Tractatus de Wittgenstein, faltaría plus.
Llegó el huracán panocho para regocijo general, y los niños tan contentos (Mama, cómprame l´amoto enantes c´al Jonatan, c´aprobao el murciano con metrícula donó).
canon.
(Del lat. canon, y este del gr. κανών).
1.m. Regla o precepto.
2.m. Catálogo o lista.
(...)
5.m. Prestación pecuniaria periódica que grava una concesión gubernativa o un disfrute en el dominio público, regulado en minería según el número de pertenencias o de hectáreas, sean o no explotadas.
6.m. Percepción pecuniaria convenida o estatuida para cada unidad métrica que se extraiga de un yacimiento o que sea objeto de otra operación mercantil o industrial, como embarque, lavado, calcinación, etc.
7.m. Decisión o regla establecida en algún concilio de la Iglesia católica sobre el dogma o la disciplina.
8.m. Catálogo de los libros tenidos por la Iglesia católica u otra confesión religiosa como auténticamente sagrados.
9.m. Parte de la misa, que empieza Te ígitur y acaba con el paternóster.
10.m. Libro que usan los obispos en la misa, desde el principio del canon hasta terminar las abluciones.
11.m. Der. Cantidad que paga periódicamente el censatario al censualista.
12.m. Der. Precio del arrendamiento rústico de un inmueble. Canon conducticio.
13.m. Der. Cantidad periódica pagada a la Administración por el titular de una concesión demanial.
(...)
Real Academia Española
Qué vocablo tan lleno de contenido éste, en cuyo semántico seno se une lo más mundano de la vida en sociedad con los más elevados preceptos católicos… y es que la palabra `canon´ es una suerte de puente que une el cielo con el lodazal.
Actualmente el canon trae de cabeza a todos los usuarios de las nuevas tecnologías, proyectando su negra sombra sobre CDs y DVDs vírgenes, impresoras multifunción (fotocopiadoras), reproductores de MP3, tarjetas de memoria y hasta móviles. Es decir, grava todos aquellos soportes en los que, hipotéticamente, el españolito de a pie pueda copiar material sujeto a derechos de autor, esa cosa moderna y necesaria.
Pues bien, esta humilde internauta se pregunta (además de cuestiones trascendentales tales como: ¿Por qué le han dado a Pe el Goya a Mejor actriz protagonista?) qué hubiera sido de nosotros sin los maravillosos copistas del medievo, esas impresoras multifunción con hábito.
La producción de manuscritos fue constante a lo largo de unos 15 siglos, pensemos en la ingente cantidad de copias a razón de tres o cuatro libros de tamaño medio al año por copista.
Me imagino a nuestros amigos de la SGAE, cuales trajeados guillermos de Baskerville, indagando y poniendo multas a diestro y siniestro al top manta amanuense. Y qué decir cuando el libro ya no es cosa únicamente del mundo religioso y pasa al seglar, cientos de copistas se ponen manos a la obra para hacer llegar a todo su público (la gran mayoría aristócrata) obras de toda índole…
Yo pido a la SGAE: ¡pónganse manos a la obra, recuperen las deudas que la Iglesia y la Corona contrajeron con ustedes hace más de mil años, y déjennos copiar en paz!
Recién nacido, bebé feo entre los feos, cogí una flauta de colorines y un guitarro murciano, me puse un sombrero de cascabeles, empecé a dar saltos alrededor de la gente y aún no he parado; llevo ya veintinueve años así, ¿qué te crees? Y no me pienso cansar.